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EL KUENTO |
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el kuento
apenas 666 pasos al oeste de la plaza fundacional los duendes del vino hicieron estrago en mi cabeza. una mezcla de vals cuyano, eucaristía satíva y siesta de zonda de altura terminaron de convencerme, que debía asociarme con el marito. teniendo aún dudas de su sexualidad incursioné igual en la interesante aventura de la convivencia con un hombre de cuatro ojos. en una tarde de pleno verano --insoportablemente menemista-- me encontré con una chica de chapecas oxigenadas en mi cama. no traté de rechazarla y ella tampoco pudo. giré mi cabeza de casualidad, y allí estaba marito con otra dama espantando mis dudas. desperté esa tarde precoz, con los timbrazos del pancho. era el momento de armar una banda, insistía con vehemencia. mi chica era la fabi, y había razones fisiológicas como para hacerla tecladista sin discusión. los duendes, aún, no nos han dejado de lado. sin dejar el vino, la macoña, los amigos, ni los caminos, me encontré, como en el principito, al piro caminando desterrado en el desierto, al lukas como a un homero en un mundo de tres dimensiones, y al enema que parecía salír junto a sid vicious y jaco pastorius en un bar de chelsea. tuve que cruzar la acequia para convidarles un trago de mi sed. las montañas siguen de pie, pero ya no alcanzan a verse desde donde estamos ahora. a veces, me imagino a hilario cuadros dándose un pico de buen sol con tejada gómez, o a bob marley cosechando moscatel sin descanso bajo el calor de junín. en tunuyán dicen haber visto a jim morrison y a bin laden, convenciendo al intendente de que mude el festival de la tonada a las heras (pero no se lo cuenten a nadie). el viejo viruta aún canta la kulebra del amor en godoy cruz, y el tomba, ay el tomba..., cada vez más lejos de la primera A, cada vez más cerca del chori de la vuelta y el loco julio siempre sabe donde estar a la hora de la arenga. ya nos cansamos de romanello y su hija, del pajarito y su novio y del gordo mala onda del drugstore de la calle rivadavia. hay tres discos dando vuelta por la tierra reseca, y allí cantan mis amigos. los pueden encontrar junto a mis caprichos, sin demasiado trabajo. ahh... y las bandas mendocinas con las que tanto rabiamos siguen al ritmo enloquecedor del mendobus y de la entrañable Línea A que siempre todo lo sabía. |